EVANGELII GAUDIUM, 10 años. Para anunciar el Evangelio basta el bautismo

EVANGELII GAUDIUM, 10 años. Para anunciar el Evangelio basta el bautismo

“Hemos encontrado el Mesías”. Con estas palabras, los primeros discípulos de Cristo, después de encontrarse con la mirada de Jesús, fueron inmediatamente a contar a la gente que los rodeaba su encuentro. En la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, que está a punto de celebrar su décimo aniversario, el Papa Francisco reconoce que la disponibilidad gozosa y asombrada de los primeros discípulos sigue siendo un paradigma permanente de cómo la salvación prometida por Cristo entra en el mundo (ver EG, 120).

Las referencias al “primer anuncio”, que el lenguaje tradicional de la Iglesia define con la expresión griega “kerigma” (derivada del verbo que significa “gritar, proclamar”), representan una piedra angular del texto magisterial publicado por el Papa Francisco en inicio de su pontificado para sugerir “el camino de la Iglesia en los próximos años” (EG 1). El Pontífice, en varias partes de Evangelii gaudium (y sobre todo en el cuarto apartado del capítulo tercero, titulado “Una evangelización para la profundización del Kerigma”) sugiere la fuente, la propia naturaleza, los rasgos que lo caracterizan de manera incomparable y los frutos que puede generar. El Obispo de Roma, siguiendo la Tradición, sigue los pasos del Papa Pablo VI y su Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, muy apreciada por el Papa Francisco, donde leemos que “no hay verdadera evangelización si el nombre, la enseñanza, la vida, las promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, no son proclamados” (EN 22).

El primer anuncio es propuesto nuevamente por el Papa Francisco como un hecho indispensable en el dinamismo de la historia de la salvación. Por eso el anuncio no es autoafirmativo, no se produce por sí mismo: nace de un encuentro inimaginable que suscita la fe en Cristo, empujando a quien vive esta experiencia a comunicarla a los demás. El anuncio de Cristo siempre tiene algo que lo precede: surge del testimonio que Cristo da de sí mismo, en el cambio que Él mismo realiza en sus testigos.

“Permanecer” en el primer anuncio
El kerygma, – aclara varias veces el Papa Francisco -, no es una especie de fase preliminar que hay que atravesar para luego ir “más allá”. No es un paso introductorio que se debe abandonar después del comienzo para acceder a niveles de competencia “superiores”: “Cuando decimos que este anuncio es “lo primero”, escribe el Papa Francisco, “no significa que sea al principio y luego se olvida o se sustituye por otros contenidos que lo superan. Es lo primero en sentido cualitativo, porque es el anuncio principal, el que siempre debemos volver a escuchar de diferentes maneras y el que siempre debemos volver a anunciar durante la catequesis de una forma u otra, en todas sus etapas y sus momentos” (EG 164).

En el camino de la fe cristiana, – insiste el Sucesor de Pedro -, “no se debe pensar que en la catequesis se abandona el kerygma en favor de una formación que se supone más “sólida”. No hay nada más sólido, más profundo, más cierto, más consistente y más sabio que este anuncio. Toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerigma que se hace cada vez más carne y mejor, que no deja de iluminar el compromiso” (EG 165), añade.

En cada acto apostólico auténtico, incluidas las homilías de la misa y cada catecismo, – sugiere el Papa Francisco -, debe resonar el corazón del mensaje cristiano. También en la catequesis “tiene un papel fundamental el primer anuncio o “kerygma”, que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de toda intención de renovación eclesial. (…). El primer anuncio resuena siempre en boca del catequista: “Jesucristo os ama, dio su vida para salvaros y ahora está vivo a vuestro lado cada día, para iluminaros, para fortaleceros, para liberaros”. (EG 164).

Basta el Bautismo
El primer anuncio del Evangelio, – quiere subrayar el Papa Francisco -, no está reservado a los presuntos y a menudo autoproclamados “profesionales del Kerygma”, autorizados a realizar esta tarea después de haber seguido algunos cursos de “formación”. En cambio, el bautismo es suficiente, dado que “cada bautizado, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el nivel de formación de su fe, es un sujeto activo de evangelización y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización realizado por actores cualificados en los que el resto de los fieles sólo se mostrasen receptivos a sus acciones”. En cambio, “si uno ha experimentado verdaderamente el amor de Dios que le salva, no necesita mucho tiempo de preparación para ir a anunciarlo, no puede esperar a que le den muchas lecciones o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que ha encontrado el amor de Dios en Cristo Jesús” (EG 120).

El Papa Francisco reconoce que todos los bautizados estamos llamados a “crecer como evangelizadores” y “dejar que otros nos evangelicen constantemente. Esto, sin embargo, no significa que debamos abandonar la misión evangelizadora, sino más bien encontrar la manera de comunicar a Jesús que corresponda a la situación en la que nos encontramos” (EG 21).

Si bien reconoce y reafirma que el kerygma es un hecho inamovible e inocultable del dinamismo de la salvación, la Exhortación Evangelii gaudium evita atribuir a este dinamismo connotaciones de un automatismo mágico o “mecánico”. El primer anuncio como tal no “produce” ni da la fe ni el seguimiento de Cristo, si la gracia no atrae el corazón de quienes lo han escuchado. La repetición literal del anuncio – aclaró el Papa Francisco en el libro-entrevista sobre la misión, “Sin Él no podemos hacer nada” -, “en sí misma no tiene eficacia, y puede caer en saco roto si las personas a las que va dirigido no tienen ocasión de encontrar y saborear de algún modo la ternura misma de Dios hacia ellos y su misericordia que cura”.

“No amamos lo que no nos atrae”
Evangelii gaudium recuerda también algunos rasgos que acompañan siempre al anuncio del Evangelio. Toda catequesis destinada a anunciar el Evangelio a quienes no lo conocen, – observa el Papa Francisco -. Está llamada a prestar “especial atención al “camino de la belleza” (via pulchritudinis), porque anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo no es solo algo verdadero y justo, sino también bello, capaz de llenar la vida de un nuevo esplendor y de una alegría profunda” (EG 167). Nosotros, – recuerda el Papa Francisco citando a San Agustín -, “amamos solo lo bello” (EG 167).

Quien anuncia el Evangelio está llamado a elegir un modo de proceder “donde destaquen la prudencia, la capacidad de comprender, el arte de la espera, la docilidad al Espíritu”, la disponibilidad de escuchar, de caminar paso a paso y de “dar tiempo, con inmensa paciencia”, porque “como decía el Beato Pedro Fabro: ‘El tiempo es el mensajero de Dios’” (EG 171).

Además, – recuerda Evangelii gaudium -, el kerygma tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los demás. El contenido del primer anuncio tiene una repercusión moral inmediata cuyo centro es la caridad”. (EG 177). Una anotación que ayuda a liberarnos de las falsas dialécticas que, incluso en los ambientes eclesiales, separan y ponen en competencia o incluso contraponen el anuncio del Evangelio a las intervenciones sociales de promoción humana, la confesión de fe y las obras de misericordia y de caridad.

El kerigma y el marketing
La misión de anunciar el Evangelio, – nos recuerda en varias ocasiones la exhortación Evangelii gaudium -, tiene como horizonte la normalidad de la vida cotidiana, con sus compromisos y sus condiciones. Se trata de “llevar el Evangelio a las personas con las que cada uno tiene que tratar, tanto a los más cercanos como a los desconocidos”. Y esto puede suceder “en cualquier lugar, en el camiino, en la plaza, en el trabajo, en una calle” (EG 127). También esta anotación, junto con otros rasgos recordados por el Papa Francisco, testimonia que el anuncio del Evangelio es, por su naturaleza, incomparable a las estrategias de venta de productos o de difusión de ideas y formatos culturales desarrolladas por los sistemas de ingeniería de gestión. La dinámica propuesta por Evangelii gaudium remite todo a la dinámica elemental con la que el anuncio del Evangelio se difunde por el mundo, “de persona a persona”. No como se difunden las ideas, sino sacramentalmente. Una vuelta a las fuentes que se muestra alejada de ciertas estrategias clericales de “marketing pastoral” que intentan imitar las “buenas prácticas” de las empresas y de las campañas publicitarias (por otra parte, siempre en un laborioso y patético retraso de décadas respecto a los tiempos del mundo).
Agencia Fides

Comparte esta noticia en: